Año nuevo, vida nueva. Primera parte

(Isaías 43: 18-19).

 “Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán, año nuevo, vida nueva, con salud y con prosperidad”. Así dice la canción que hiciera tan famosa la orquesta venezolana Billo’s Caracas Boys y que fundara el dominicano Luis María Frómeta Pereira, mejor conocido como Billo Frómeta.

Y dicha tesis puede volverse realidad en la vida de cada persona cuando hace dos cosas, una con el pasado y otra con el futuro. En esta primera parte ocupémonos del pasado, en la segunda parte hablaremos del “mañana”.

El pasado debe considerarse como un tomo más de la obra literaria de nuestra vida que acaba de escribirse. Ese tomo tiene 365 páginas donde se han consignado todas las obras buenas y malas que hemos pensado, dicho y hecho. Como también todas las obras buenas y malas que hemos omitido pensar, decir o hacer. Esas hojas ya están escritas, no podemos ni arrancarlas, ni borrarlas, ni escribir encima, pero sí podemos sacar algunos extractos que pondremos en el equipaje mental con el cual viajaremos por cada uno de los días del nuevo año.

De las cosas buenas que quedaron allí escritas debemos extractar gratitud, experiencia, regocijo y motivación para logros mayores, pues cada día debemos competir contra nosotros mismos, superarnos, batir nuestras propias marcas. De las cosas malas hay que extractar también lo que nos sea de provecho y por ello hay que seguir un proceso de selección muy cuidadoso.

Tal vez alguien se sienta apresurado a decir: “no, de lo malo no hay que sacar nada, hay que desecharlo todo, olvidarlo todo”. Pero tal razonamiento no es muy sabio, porque olvidar con qué, cómo, dónde, cuándo y por qué tropezamos, nos podrá hacer tropezar muchas veces más. ¿Qué hacer entonces con las cosas malas? Verlas, pero con ojo crítico, como un investigador, sin apasionamientos, sin echarnos al dolor, con la frialdad y objetividad de un médico forense.

Lo que se sigue entonces es buscar la falla, identificarla y encontrarle los correctivos. Después de ello hay que sacar la moraleja y olvidarse de los detalles. Es como cuando se prepara una limonada, se exprimen los limones, se botan las cáscaras y se endulza el jugo. Pero por favor, bota las cáscaras, para que no se te amargue la bebida. Y endúlzala, para que no te quede ácida. En términos prácticos esto quiere decir que después de que a las cosas malas les has extractado las lecciones que aprendiste para ponerlas en tu equipaje para el nuevo año, entonces deberás, de inmediato, por tu salud, perdonar a tus deudores y pedir perdón a Dios y a otras personas por tus pecados. Después, olvídate de los detalles, desecha esas líneas, no las re escribas en las hojas en blanco del futuro.

El perdón es uno de los hermosos regalos que Dios nos da a los seres humanos, sólo que es un instrumento que únicamente funciona cuando se toca por ambos lados: yo perdono y también soy perdonado. A través del profeta Isaías hace más de 2700 años el Señor nos dijo a los seres humanos que aunque el tomo de nuestra vida contiene muchas cosas malas, cuando nos arrepentimos, renunciamos a eso y pedimos perdón, él entonces decide jamás pedirnos cuentas y nunca castigarnos por dichos asuntos. Sus palabras son muy claras:

“Olvídate de las cosas del pasado; ya no pienses en ellas ni vivas en él. ¡Voy a hacer algo nuevo! Es más, ya está sucediendo, ¿no te das cuenta? Te estoy abriendo un camino en el desierto, donde se supone que no existen caminos, y además te estoy proveyendo ríos en lugares que han estado desolados, deshabitados, porque antes no había ríos allí”.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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