Cómo envenenar a la suegra sin despertar sospechas.

(Romanos 12:20-21).

Don Manuel sabía que si Rosa le pedía ese favor a él era porque le tenía mucha confianza, al fin y al cabo a ella la conocía desde recién nacida y sus padres y abuelos habían sido también sus clientes.

–         Rosita, ya sabes, sólo le pones estas gotitas en las comidas. El veneno es muy bueno, actúa lentamente y no deja rastro. Pero recuerda que para no despertar sospechas vas a tener que tratarla con mucho cariño, con respeto, teniéndole paciencia, siendo atenta con ella. No importa que sea la suegra más odiosa del mundo, que te haga la vida imposible y que se crea la dueña de casa ahora que enviudó y se mudó con ustedes. Mucho cuidado por favor, esto es delicado.

–         Gracias don Manuel, no sabe cuánto le agradezco este inmenso favor.

Rosa guardo el frasquito en su cartera y salió de la botica, la única en muchos kilómetros a la redonda. Inclusive en ese local era donde atendía el médico que venía de la ciudad una vez por semana, aunque todos los campesinos de la región le tenían más confianza a Manuel que al médico, a pesar de sólo ostentar el título de farmaceuta. Pasados unos meses Rosa entró de nuevo al local, esperó que todos los clientes salieran y se le acercó al viejo Manuel para hablarle en voz baja:

–         Don Manuel, necesito que por favor me dé algo para contrarrestar el veneno que le he estado dando a mi suegra, ya no quiero que se muera, ayúdeme por favor.

–         ¿Y qué te hizo cambiar de opinión muchacha? ¿Qué ha pasado?

–         Usted no me lo va a creer. Esta señora se ha vuelto la mujer más gentil, amorosa, tierna, colaboradora. Ya no me critica ni se queja de los niños. ¡Es increíble!

–         Rosa, vete tranquila a tu casa. Las gotitas que te di son en verdad un suplemento alimenticio, en lugar de matarla le están haciendo mucho bien. Yo sabía que si tú tratabas con amor a tu suegra, le tenías paciencia, la respetabas y la atendías bien, ella iba a cambiar de actitud. Ella no es tan mala persona, sólo que tenía una mala actitud, pero como tú sembraste amor en ella, ahora cosechas amor. Rosita,  vete a tu casa, usa la Biblia que te dio tu abuelo y lee en Romanos 12 cómo es que se trata a los enemigos y cómo se les convierte en amigos.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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