(Proverbios 18:24).

Terminada la cena la familia entera pasó a la sala a ver la televisión, pero como la energía eléctrica se fue en todo el barrio, el momento se hizo propicio para conversar bajo la luz de una pequeña vela colocada sobre un plato en la mesa de centro. Y fue en ese día y en ese lugar que Luis Alberto les confesó a sus hijos y  a su esposa cómo fue que una perra cautivó su corazón.

“Mi primera profesora de relaciones humanas no fue la de la escuela primaria, sino una perra de la televisión, se llamaba Lassie. Era una ejemplar canina de la raza Collie que nos divertía todas las tardes. Tan pronto terminábamos de hacer las tareas escolares nos tirábamos al piso a ver en la televisión, que en esa entonces era en blanco y negro, las aventuras de este animalito que era genial. Y recuerdo que un día, cuando terminó uno de los capítulos de la serie, mi mamá apagó el televisor y nos dijo por qué le gustaba mucho que Lassie fuera nuestra profesora en la casa, porque esa mascota sí sabía lo que era la amistad.

En primer lugar porque era muy fiel a su amo, no lo abandonaba ni lo traicionaba.

En segundo lugar, porque no se iba a la calle a andar con otros perros sin permiso, sino que esperaba a que su dueño la sacara a pasear.

En tercer lugar, porque era afectuosa, siempre que venía su amo le demostraba su cariño moviendo la cola, brincando y ladrando, actitud que es muy diferente a la de los hijos y amigos que no expresan su amor, que cuando llega el papá a la casa ni siquiera van a saludarlo y a preguntarle cómo le fue.

En cuarto lugar, porque cuando veía un peligro, avisaba, en lugar de quedarse callada esperando que el mal viniera sobre las personas. Un amigo verdadero no es el que se tira con uno al peligro, sino el que nos advierte sobre las consecuencias del mismo.

En quinto lugar, porque cuando el amo u otra persona estaban en aprietos, Lassie les ayudaba o salía corriendo a buscar la ayuda de otros, en lugar de quedarse mirando y gimiendo.

En sexto lugar, porque se comía todo lo que le servían sin estar criticando o renegando.

Y en séptimo lugar, porque divertía sanamente a sus amigos de todo el mundo, no tenía que hacer locuras o estupideces para ganarse su aprecio.

Bueno, ya les confesé cómo fue que una perra se robó el corazón de papá”.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.