(Eclesiastés 4:9-12).

La maestra llevó a sus alumnos a la zona de las canchas y los hizo sentar a las mesas debajo de los frondosos árboles y les pidió que observaran bien el experimento que iban a tener. Luego requirió de uno de los niños que tomara una de las ramas que ella previamente había puesto sobre la hierba y que intentara partirla. La frágil rama seca crujió tan pronto el estudiante la presionó.

Después le señaló a una de las niñas que tomara 10 ramas del montón y las amarrara con un cordón. Le solicitó entonces que intentara partirlas. La alumna presionó varias veces, pero fue inútil, sus pequeñas manos no consiguieron fracturar el atado de ramas.

La maestra le invitó a tomar asiento nuevamente y a no sentirse mal por no poder quebrar ni una sola de las ramitas, al fin y al cabo de eso se trataba el experimento. Miro a todos sus alumnos que estaban con cara inquisitiva preguntándose de qué se trataba todo esto y les expresó:

“El objetivo de traerles aquí es enseñarles la importancia de la unidad familiar, ese es nuestro tema. Cuando uno de ustedes quiso partir una ramita seca lo pudo hacer sin ningún problema, fue muy fácil, sencillamente porque la rama estaba solita, no estaba unida a ninguna otra. Pero cuando varias ramas se unieron en un solo grupo ya no fue posible partirlas. Separadas, sí, pero juntas no. 

Así sucede con nuestras familias, cuando cada uno se separa del vínculo familiar somos presa fácil de quienes quieren dañarnos, del desánimo y hasta de la pobreza. En cambio, cuando estamos juntos, unidos, ligados por el amor, que es el vínculo perfecto, ya no es posible que nos lastimen. Y no es posible porque ya somos más fuertes, debido a que cada uno posee la suma de la fuerza de todos.

Es por eso que van a encontrarse con muchos intentos por destruir a la familia tratando de dividirla. Sí, ese es el plan número uno, lograr que los miembros se peleen y se separen, que cada uno decida arreglárselas por su lado. Pero niños, no lo permitamos, cuidemos a la familia fortaleciendo la unidad.

Ahora que ustedes entrarán a la adolescencia probablemente experimentarán cierto desapego por sus familias y preferirán a sus amigos. Esto lo verán reflejado en las redes sociales de internet, cuando en las fotos de los jóvenes no aparecen sus familiares, sino sólo sus amigos. Pero esta situación no tiene que seguir siendo así, por cuanto ahora ustedes ya tienen conciencia de que nuestros familiares lo serán toda la vida, así que… ¡vivamos unidos!”.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter