Dale al que tiene y quítale al que no tiene.

/ DEVOCIONALES

(Mateo 25:28-29).

Fue Jesús el que enseñó que al que tiene hay que darle para que tenga más y en cambio al que no tiene, lo poco que le queda, hay que quitárselo, y dárselo al que ya tiene bastante. Lo anterior suena injusto, calamitoso, es una locura.

¿Cómo es posible que en lugar de darle al necesitado más bien se le quite lo que le queda y se le entregue al que ya tiene? ¿No sería mejor quitarle al que tiene y compartir con el que no tiene? El contexto de la enseña bíblica de Mateo 25: 28-29 no es el de la misericordia, sino el de la productividad.

Ya en otras partes de las Escrituras Jesús ha dejado muy en claro que hay que dar pan al hambriento, agua al sediento y atender las necesidades del prójimo, pues sólo se tendrá misericordia del que haya tenido misericordia. Pero en el relato en cuestión la instrucción de Jesús no es sobre el tópico de la compasión, sino sobre el cómo una persona debe aprovechar los pocos o muchos recursos que se le confían para que los administre y los haga rendir, de ser posible al 100%.

La parábola de la cual se extrae la presente enseñanza es la de los talentos, una unidad monetaria de la época. Y en ella Jesús cuenta que un amo se fue lejos, pero que antes de irse repartió sus bienes entre tres empleados. A uno le dio cinco talentos, al otro dos y al otro uno. Tiempo después, a su regreso, los llamó para que rindieran cuentas.

Fue así como el primero, que había recibido cinco talentos, reportó cinco más, es decir, diez en total. El segundo que había recibido dos, reportó cuatro. Pero el tercero, que había recibido un solo talento, reportó uno. A ese es al que su señor llama inútil y negligente. Y por ello pide que lo echen después de quitarle el talento y dárselo al que ya tenía diez.

La acusación del amo al mal siervo no es por ser ladrón o derrochador, sino por ser improductivo. En términos de rendimiento financiero tanto el que recibió diez como el que recibió dos fueron productivos en un 100% pues doblaron el capital. En cambio el que recibió uno, sólo reportó quejas, críticas y miedos. Tal vez se llenó de amargura al ver que a él le dieron menos que a los otros. O se puso a renegar y a criticar a su amo. O fue un perezoso que excusó su negligencia en denigrar del sistema económico y sus falencias. O se la pasó auto complaciéndose y no velando por los intereses de su señor.

El propósito de Dios no es hacer el inventario de lo que tienes, sino ver el rendimiento que estás alcanzando. Mientras que nosotros nos enfocamos en lo que nos hace falta y nos quejamos por no tenerlo, Dios se enfoca en cómo estamos aprovechando lo que ya tenemos. Por eso, no permitas que aquello que no puedes hacer te impida hacer lo que sí puedes hacer. Demuestra que eres fiel en lo poco antes de atreverte a pedir más.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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