Dios mira más allá de lo que ven nuestros ojos.

/ DEVOCIONALES

(Efesios 3:20). 

Para un niño resulta incomprensible que cuando ya puede armar un rompecabezas de 10 piezas su maestra le pone sobre la mesa uno de 20. En su mente infantil ella es una malvada que no le permite disfrutar del placer de verse a sí mismo como un campeón. Mas en la mente de la educadora hay otro objetivo: desarrollar su capacidad intelectual.

También para un atleta resulta incomprensible que su entrenador le exija un mínimo de tiempo en cierta distancia y una vez alcanzada la meta le ponga zapatillas pesadas y le atraviese obstáculos. Pero el preparador lo que quiere es: desarrollar su capacidad física.

Parece un contrasentido el que Dios animara a Moisés a que se presentara ante Faraón y le pidiera que dejara en libertad al pueblo de Israel, mientras que por el otro lado Él mismo endurecía su corazón para que se negara rotundamente a hacerlo. ¿Qué es esto? ¡No tiene sentido! Si una persona está orando para que Dios le conceda algo, lo normal es que Dios abra las puertas que sean necesarias, toque los corazones de las personas indicadas y ajuste las circunstancias para una victoria segura.

Pero los pensamientos de Dios no son los nuestros y Él quiere: desarrollar nuestra capacidad espiritual. Es por ello que Papá Dios mira las mismas cosas que nosotros vemos de forma diferente.

Donde yo veo un problema, Él ve una oportunidad.

Donde veo una enfermedad, Él ve un milagro.

Donde veo necesidad, Él ve provisión.

Donde veo pobreza, Él  ve prosperidad.

Y donde veo gente odiosa, Él ve transformación del carácter.

El escultor Miguel Ángel decía a la gente que entraba a su taller en Florencia, Italia, que lo que ellos observaban como un enorme pedazo de piedra era en realidad un ángel que debía liberar usando su cincel y martillo.

Transcurría el año 2001 cuando entrevisté en la radio a doña Irma Linares, una dama de Mendoza, Argentina, la cual contaba a la audiencia que cuando su doctora le comunicó que tenía varios tipos de cáncer y le quedaba poco tiempo de vida, ella se puso feliz. Y ante la sorpresa de su médica le explicó que estaba contenta porque por fin vería un milagro de Dios en su vida. Así que cuando regresó tiempo después donde la doctora ésta, al verla, se puso a llorar, pues no podía creer que Irma estuviera viva.

Si Dios no hubiera puesto tantas “trabas” a Israel para salir de Egipto, hoy nadie sabría nada de sus grandes obras realizadas allí. Mira ahora tus problemas, enfermedades y limitaciones como una excelente oportunidad para que Dios muestre su gran poder en ti como evidencia de su gran amor por ti.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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