La perseverancia en un caso de justicia.

/ DEVOCIONALES

(Lucas 18:1-8).

Durante un juicio por corrupción el fiscal interroga al testigo:

– ¿Es cierto que usted recibió una cantidad de dinero para obstruir la investigación?

El testigo permanece en silencio. El fiscal creyendo que no le había oído le repite:

– ¿Recibió usted una cantidad muy importante de dinero para obstruir la investigación?

Como el testigo no responde el juez se dirige a él y le dice:

– Por favor, responda a la pregunta.

– ¡Oh! perdón, creí que el fiscal se dirigía a usted señor juez.

Un relato cómico que refleja la realidad de un sistema judicial injusto que se supone debe administrar justicia. ¡Qué ironía! ¡Pedirle al injusto que haga justicia! ¿Habrá alguna esperanza? Jesucristo contó una historia similar llamada: “La parábola de la viuda y el juez injusto”. Era el caso de una mujer que acudía con insistencia ante el magistrado a pedirle que le librara de su adversario. Y la situación de esta señora sí que estaba bien complicada.

Por un lado, era viuda, no tenía un esposo que sacara la cara por ella. Y por el otro, no contaba con recursos como para contratar a un buen abogado que la representara. Además, tenía a ese adversario que le hacía la vida imposible y se aprovechaba de ella. Y para colmo, el sistema judicial estaba corrompido, pues el juez era un hombre injusto y con las características de quien no respeta ni a hombre ni a Dios. ¿Habría algún asomo de esperanza para esta mujer viuda, sola, pobre y agraviada?

Jesús cerró el relato diciendo que esta dama logró lo que se había propuesto. Se jugó una carta que ni el mismísimo juez pudo soportar: la perseverancia. La viuda se le convirtió al magistrado en una sombra, se le aparecía hasta en la sopa; estaba todos los días clamándole por justicia, a tal punto que éste, para quitársela de encima, aunque no temía ni a hombre ni a Dios, emitió un fallo a su favor. Después de la narración Jesús preguntó a su auditorio:

“¿Si esta viuda, siendo perseverante, logró que un juez injusto le hiciera justicia y fallara a su favor, creen ustedes que Papito Dios, con todo y lo justo que es, se tardará en responderles a ustedes que claman a Él día y noche para que les haga justicia? Claro que no. Dios les atenderá con prontitud”.

La moraleja de la historia es: “sé constante en la oración”. Perseverar es clave. Nadie obtendrá algo de Dios con oraciones apuradas o intermitentes. No porque el Señor sea sordo, olvidadizo o negligente, sino porque quiere desarrollar el carácter de Cristo en nosotros. Así es que si tu oración es conforme a la voluntad de Dios, no cejes, no pares, no desmayes, vuélvete hasta inoportuno. Clama a Dios mañana, tarde y noche.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.