La pureza es clave, luego aspira su blancura y… ¡a volar!

/ DEVOCIONALES

(Hechos 2:1-4; Efesios 5:18).

“Pneuma” es una palabra griega que se traduce como aliento, aire, soplo, viento o espíritu. Por ello al médico especializado en los pulmones se le llama pneumólogo, a la infección de los mismos se le llama neumonía, a los cauchos inflables de los autos se les denomina neumáticos y al estudio del Espíritu Santo se le conoce como pneumatología.

En el original griego del Nuevo Pacto de la Biblia siempre que se usa “pneuma” es para referirse o al espíritu humano, o al espíritu de Satanás o uno de sus ángeles, o al Espíritu Santo o uno de sus ángeles. Es el mismo vocablo para las tres categorías, de manera que el lector es el que debe deducir por contexto a cuál se está refiriendo en cada caso en particular.

Y cuando las Escrituras dicen que los que escribieron la Biblia lo hicieron inspirados por el Espíritu Santo, lo que está diciendo es que estaban llenos de él, que es la tercera persona de la trinidad. Es como si lo hubieran inhalado. La respiración humana consta de dos actos: inhalación, que es tomar el aire, y exhalación, que es botar el aire.

Una persona inspira cuando absorbe el aire y lo envía a sus pulmones. Y espira cuando lo saca de los pulmones y lo arroja al exterior. Espirar, escrito con “s”, es botar el aire, pero expirar, con la letra “x”, es morirse, salírsele el aliento de vida, “colgar los zapatos”.

Cuando Dios sopló aliento de vida en Adán, que era un muñeco de barro, éste se convirtió en un ser vivo. De manera que cuando el aliento de vida se le sale a cualquier hijo de Adán, expira, su cuerpo vuelve al polvo de la tierra, de donde fue tomado. Y el espíritu, el aliento de vida, vuelve a Dios. Esto se encuentra declarado en la Biblia en Eclesiastés 12:7.

También es ilustrativo que cuando Jesús les dijo a sus 11 alumnos o apóstoles que recibieran al Espíritu Santo, sopló sobre ellos. Y cuando el Espíritu Santo llegó en el día de Pentecostés se escuchó un estruendo como de un viento recio que llenó el aposento donde estaban y todos fueron llenos del Espíritu Santo.

Así es que si deseas ser lleno de toda la presencia de Dios debes ponerte a cuentas con él y pedirle perdón por tus pecados, pues la pureza es clave. Luego aspirar su blancura, inhalar su santidad, que es el perdón. Y después inspirar su Palabra, que es la Biblia, orando con insistencia y fervor para que te llene con su presencia.

Cuando le pides al Padre Eterno que te sature con su Espíritu Santo él lo hace y te guía a volar a nuevos niveles espirituales. Porque no es suficiente con tener a la tercera persona de la trinidad habitando dentro de nosotros, hay que vivir llenos de él y controlados por él.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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