La riqueza no se busca, se produce.

(1 tesalonicenses 4:11-12).

Armando decidió viajar al pueblo de Villa Ventura y visitar a don Próspero, el empresario acaudalado que había hecho de toda esa región una zona floreciente y con gente feliz.

–         Señor Próspero, yo vengo de Villa Pereza, una tierra lejana donde la gente carece de los más mínimos recursos. Me gustaría quedarme a vivir aquí y disfrutar de la bonanza que tienen, pero creo que estoy en deuda con mi región, por lo cual quisiera que usted me aconsejara acerca de cómo sacar a mi gente de la miseria.

–          No quisiera presumir de sabio, pero sí puedo compartirte mi experiencia personal y dejar que tú juzgues lo que te pueda ser útil. Cuando llegué a este pueblo había igualmente mucha miseria, pero ésta era más mental que física. Yo era joven y venía con el deseo de vender la pequeña finca que me habían dejado mis padres. No me pasaba por la cabeza quedarme a vivir aquí, lo que quería era el dinero y regresarme a la ciudad. Pero era tanta la pobreza que nunca apareció un comprador.

Cierta mañana en mi devocional leí en la Biblia 1 Tesalonicenses 4:11-12.  Y ese texto me desafió a trabajar la tierra y luchar por esta región. Mi intención no era hacerme rico, pero resulta que fruto de la primera cosecha vino la necesidad de crear un depósito para almacenar el grano. Y allí entonces surgió el gran almacén que has visto. Había después que transportar la cosecha a las grandes ciudades. Y fundé entonces la empresa de transportes.

Apareció luego la necesidad de adquirir herramientas para el campo e insumos para el hogar. Levanté por ello la ferretería y el supermercado. Y así, cada necesidad que aparecía, era la oportunidad para crear más trabajo y más riqueza.

Lo que ves hoy en día en Villa Ventura no es mi riqueza, es la del pueblo, es el fruto de cambiar de mentalidad, de trabajar no por el dinero, sino por el bienestar propio y ajeno.

Si la gente trabaja con la mente en el papel moneda, va a despreciar su trabajo y va a querer el dinero por vías más rápidas, como ganarlo en la lotería, o recibirlo de herencia, o hasta robarlo.

Pero no es el dinero lo que nos debe mover, sino el amor al trabajo, al progreso y al bien común. El dinero vendrá después, solo, automáticamente, como resultado, porque la riqueza no se busca, se produce.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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