Las cosas viejas pasaron, aunque algunos no lo sepan.

/ DEVOCIONALES

(2 Corintios 5:17).

Cuando terminaron de acomodar todos los muebles de la mudanza lo siguiente que hizo Pablo fue conectar el teléfono, pues aunque el apartamento le había sido alquilado sin línea telefónica, él había podido conseguirse una gracias a la gestión de un amigo suyo que laboraba en la central de teléfonos. Lo sorpresivo fue que al enchufar el cable a la pared el aparato sonó de inmediato, lo cual le llamó la atención, pues aún no le daba el número a nadie. De todas maneras contestó la llamada con toda amabilidad:

–      Hola, muy buenas tardes

–      Hola señor, cómo está usted. Mire, disculpe, pero quería hacerle una preguntita

–      Sí, dígame usted señorita, cómo puedo ayudarla

–      Quería saber si usted tiene costillas – La pregunta le sonó a una broma, y pensó que se trataba del chiste de algún amigo, por lo cual prosiguió con la conversación.

–      Sí, como no, tengo costillas, y muy buenas

–      ¿Tiene hígado?

–      En las mejores condiciones, gracias a Dios

–      ¿Y tiene patas de puerco?

–      Bueno por qué no viene y las mira usted misma a ver qué le parece

–      Está bien, muchas gracias.

Cuando la persona al otro lado de la línea cortó la llamada, Pablo se quedó pensando en quién le habría hecho esa broma. Y mientras pensaba en ello el teléfono sonó nuevamente, pero en esta ocasión era su amigo el de la telefónica que lo llamaba para verificar que todo marchara bien. Cuando Pablo le contó la anécdota éste casi no podía hablarle de la risa, y le explicó que esa línea había pertenecido a una carnicería local.

Y así suele suceder cuando Dios perdona a una persona, borra sus pecados y nunca más se acuerda de ellos, puesto que las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas. Mas  sucede que no todo mundo conoce esta ley espiritual, y por ello, de forma imprudente, puede sacar a relucir cosas desagradables del pasado de alguien y hasta comentarlas.

Así es que no nos amarguemos por el hecho de que alguien nos juzgue o nos critique por asuntos de un pasado que ya Dios perdonó y olvidó, al igual que nosotros también hemos perdonado y olvidado.

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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