(Salmo 100:3).

Estaban tres monos compartiendo sobre un cocotero cuando el más anciano de ellos dijo:

“¿Cómo les parece a ustedes? ¡Esto es indignante! ¿Cómo puede ocurrírsele pensar a alguien que la teoría del biólogo inglés Charles Darwin de que el hombre venga del mono tenga sentido? ¡Es inaudito! ¿Cuándo han visto ustedes a un mono abandonar a su esposa y dejarla tirada con todas sus crías por irse detrás de una mona más joven? ¿O cuándo han visto ustedes que una mona abandone a su bebé para que muera de hambre? ¿O alguna vez han oído que una mona deje a su bebé al cuidado de extraños?

¿Cuándo han visto a un mono trabajar duro toda una semana para luego despilfarrar su salario en un solo día, encerrado en un local, con música ensordecedora, luces mareantes, consumiendo licor e inyectándose droga que lo mata poco a poco?

Yo, en todos mis años de vida, jamás he visto a un mono desarrollando armas sofisticadas para matar a otros monos. Ni a alguien de mi especie que sea tan egoísta que construya una cerca alrededor de un cocotero para que otros no puedan comer de sus frutos. Nosotros no destruimos nuestro hábitat ni envenenamos el agua que no vamos a tomar.

Nunca veremos a un mono irse de fiesta con sus amigos, dizque a divertirse, y luego regresar a casa alcoholizado, desdichado y sin dinero, a golpear a sus crías y a su pareja. Los monos no somos tan perversos. Creo que si los hombres son animales que han evolucionado, definitivamente no lo han hecho de nosotros. Y eso queda demostrado primeramente por lo que les he dicho.

En segundo lugar, porque nunca van a encontrar el tal eslabón perdido que demostraría que los humanos sí vienen del mono, sencillamente porque dicho eslabón no existe. Y en tercer lugar, porque jamás se ha visto a un mono convirtiéndose en hombre, aunque sí al contrario, a un hombre convertirse en mono al degenerarse físicamente”.

La sátira de esta fábula nos hace pensar en lo que enseña la Biblia sobre la creación de la humanidad. Dios formó al hombre del polvo de la tierra y luego le dio espíritu de vida para que fuera semejante a Él. A la mujer por su lado la hizo a partir del hombre, para que los dos fuesen complementarios. Pero al entrar el pecado en el mundo ambas creaciones comenzaron a degradarse moralmente.

Aunque ahora hay una muy buena noticia, y es que Jesucristo ha venido a rescatarnos de la esclavitud de ese pecado y a darnos vida eterna. Y si tú crees en esa buena noticia y le rindes tu vida a Jesucristo, Él te hará libre y te salvará de la condenación del pecado y de la influencia del pecado.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter