(2 Timoteo 3:16-17).

Gilberto Santa Rosa, el cantante puertorriqueño al que llaman “El caballero de la salsa” , dice en su tema “Conciencia”: “Ella tiene la magia de un instante de amor y su mirada un toque de misterio. Cuando ella llega siempre suelo perder el control. No vuelvo a ser el mismo si la beso. La conciencia me dice que no la debo querer y el corazón me grita que sí debo. La conciencia me frena cuando la voy a querer. El corazón me empuja, hasta el infierno, al abismo dulce y tierno de sus besos.”

Por supuesto que bien cantada y con una majestuosa orquesta, esta simple letra cobra una vida espectacular. Y lo mejor de todo, o lo más peligroso de todo, es que cuando la canción se hace tan agradable, cualquiera puede saltarse el filtro del análisis y aceptar como verdadera su tesis, pues todo pareciera hacerse aceptable cuando se expresa de manera tan linda y con muchas repeticiones por radio y televisión.

El consejo bíblico del apóstol Pablo es que examinemos todo y retengamos lo bueno. Entonces, ¿qué hacer cuando la conciencia nos dice una cosa y el corazón nos dice otra? Primero que todo hay que auscultar el corazón, examinarlo, pues nada más engañoso y perverso que el corazón humano según lo dice el profeta Jeremías (Jeremías 17:9). Y aunque en muchas películas y canciones se nos dice que debemos seguir los dictados de nuestro corazón, nada más falso y peligroso que eso.

Por el contrario, si una persona quiere evitarse fracasos debe aprender a vigilar su corazón y a contradecirlo, pues no es nada confiable. ¿Debemos seguir lo que dice la conciencia? Sí, pero no siempre. Cuando la conciencia está sana y alumbrada por Dios, no hay problema, ella nos guiará como lo hace el semáforo al automovilista: “la luz roja nos dirá si hay peligro y debemos parar. La luz amarilla nos dará una advertencia. Y la luz verde nos dirá que podemos seguir”.

Pero a veces la conciencia no está sana, está influida por la tradición, la cultura, la religiosidad y hasta se ha podido cauterizar. En tales casos no es una buena guía. Por ejemplo, si una persona piensa que se va a condenar si no camina de rodillas ante una estatua a la que venera, la conciencia le podrá traer un gran malestar por no hacerlo. La conciencia sólo sirve cuando está sana e iluminada por Dios. Es por ello que la mejor guía, por encima del corazón y la conciencia, es la Palabra de Dios, la Biblia, pues es la voluntad expresa de Dios para toda circunstancia, en toda época y cultura.

Y aunque el cielo y la tierra pasen la Palabra de Dios nunca pasará. ¡Deja que ella te ilumine! Dios la usa para hablarnos. ¿Te gustaría tener una Biblia en este momento entre tus manos para leerla y escucharla? Hasta de internet se puede descargar gratis y legal.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

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