Lo increíble que hacemos creíble.

(Filipenses 2: 6-11; Colosenses 1:26-28)

Pudiéramos tener la impresión de que Cristo cometió un error matemático al decirle al ladrón arrepentido en la cruz que ese mismo día estarían juntos en el paraíso, puesto que Él sólo resucitaría hasta el tercer día. Pero no, no es así, no hay ningún error, Jesús nuevamente estaba declarando que Él es el Padre que está en el cielo.

Hubiese podido decir también: “mira ex ladrón, ahora me estás viendo aquí en la cruz, físicamente, pero al mismo tiempo estoy en el cielo, porque yo soy omnipresente y también el Padre Eterno”.

La misma declaración se la hizo al discípulo Felipe cuando éste le pidió ver al Padre. Jesús entonces se le reveló diciéndole “YO SOY”, por cuanto Él es el gran YO SOY, aquel que se le presentó a Moisés como “YHVH”, nombre hebreo que suena como Yaveh y que se traduce como “YO SOY EL QUE SOY”. ¡Increíble! Y Jesús por eso nunca dijo que Él era el camino para “ir” al Padre, sino para “VENIR” al Padre, para llegar a Él mismo. Y a los judíos teólogos les dijo: “Voy al que me envió (al Padre) pero ustedes no podrán ir a donde YO ESTOY”.

Gramaticalmente uno piensa que Jesús se expresó mal, porque debió decirles: “No podrán ir a donde yo voy”. Pero no, en el texto griego Él dijo: “No podrán ir a donde YO ESTOY”. ¡Increíble! Otra vez la Biblia señala que Jesús es el Padre Eterno, el Creador del libro de Génesis.

Y 700 años antes de que Jesús viniera al planeta y naciera como un bebé el profeta Isaías llamaba al niño: “Admirable, Consejero, Dios fuerte, PADRE ETERNO y Príncipe de paz”. ¡Increíble! El Padre Eterno naciendo en un pesebre en medio de animales de corral.

Pero antes de eso, Él, el gran YO SOY, el creador del universo, se hizo del tamaño de un garbanzo y se metió en el vientre de una campesina judía adolescente y virgen llamada en hebreo Miriam, aunque en castellano se le conoce más como María. Y cuando El Eterno Dios nació en forma humana le pusieron por nombre Yeshua, que quiere decir: “YHVH perdona los pecados”, porque según la Biblia el único que puede perdonar los pecados es YHVH y por eso Jesús, que es YHVH, los perdonaba. ¡Increíble! Y Él es Emmanuel, Dios con nosotros.

Y ya adulto, con inmenso asombro, los arcángeles, ángeles, querubines y serafines lo vieron a Él, al Padre Eterno, al Santo, al Perfecto y Todopoderoso, ser abofeteado, azotado, escupido y colgado en una cruz lleno de pecado. Pero no era su pecado, era pecado ajeno, el nuestro, se lo echó encima, cargó con nuestras culpas. ¿Y sabes por qué? Por un sólo motivo, porque nos ama, por eso, y porque en su inmenso amor pagó por nosotros el castigo por nuestros pecados.

¿Y cuál es ese castigo? La muerte. Sí, Él, Dios, sufrió la muerte más terrible reemplazándonos a nosotros. Él murió para que nosotros vivamos y vivamos eternamente. ¿Crees en esto increíble?

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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