Mentiroso, mentiroso.

(Efesios 4:25).

En la película “Mentiroso, mentiroso” el comediante Jim Carrey personifica a un abogado que es muy mentiroso y que siempre le está quedando mal a su pequeño hijo.

El niño pide como deseo que su padre nunca más diga mentiras, y así es como se dan escenas muy graciosas en que el protagonista piensa para decir una mentira, pero cuando abre la boca, para asombro de él mismo, se haya diciendo la verdad.

Es algo que él no puede evitar, al punto de taparse la boca con sus dos manos tratando de evitar decir la verdad.

¿Se imaginan que eso sucediera en la vida real con los jóvenes y adolescentes varones que andan destrozando los corazones de tantas niñas?

Imagínense que un chico va con aires de galán donde una hermosa jovencita y piensa en recitarle la misma cartilla que le dice a todas:

“Para mí tú eres la más bonita. De veras, y no sólo eres la mujer más bella que he visto, sino la más inteligente. Te digo la verdad, desde que te conocí no dejo de pensar en ti ni un minuto. A mí me gustaría que nosotros tuviésemos algo más que una amistad, porque si no, yo no voy a poder vivir. 

Es más, yo te veo y siento que se me va a salir el corazón. Yo te aseguro que ninguno de tus amigos te puede querer más que yo”. 

Pero sucede algo extraño, cuando el joven abre la boca para soltar su libreto, sin poder evitarlo, se le salen otras palabras:

“Te digo la verdad, tú eres muy bonita, pero no creo que seas la más bonita de todas ni la más inteligente. Por la casa de mi abuela hay unas niñas tan bonitas como tú. Y tú me atraes, es verdad, pero también me atraen como cinco chicas más en el colegio. 

Y como estoy en una etapa donde mis hormonas están en ebullición y emocionalmente soy inestable y estoy descubriéndome a mí mismo, pues no te puedo halagar el oído simplemente para que te enamores de mí. Eso no sería honesto. 

No puedo dañarte. No puedo jugar con tus sentimientos. Así como no quisiera que una amiga me hiciera creer que se enamoró de mí y me entusiasmara y luego me dejara como a un trapo sucio, yo tampoco puedo hacerte eso. Voy a respetarte. No voy a llenarte la cabeza de cuentos sólo para pasar un rato agradable satisfaciendo mis instintos. No es justo que juegue con tu corazón. Creo que mereces respeto y no ser simplemente un trofeo más para demostrarle a los demás y demostrarme a mí mismo que soy todo un galán”.

¡Qué sorpresa sería si las cosas se dieran así!

Pero como eso es una fantasía y la mentiras y los mentirosos sí existen por todas partes, entonces hay que tomar precauciones y orar a Dios para que nos cuide de ser víctimas de tales engañadores.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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