(Juan 8:31).

Así como no puede haber un padre sino existe un hijo, tampoco puede haber un maestro sino existe un alumno. Y cuando en la Biblia a Jesucristo se le llama Rabino, que quiere decir maestro, es porque cuenta con un grupo de alumnos a los cuales les da cátedra, motivo por el cual a sus apóstoles se les denomina con mucha frecuencia en el texto sagrado como discípulos, que no es otra cosa que aprendices o educandos.

Jesucristo fue todo un profesor y aún lo sigue siendo, sólo que ahora no dicta su cátedra estando presente en carne y hueso, como hace dos mil años en Israel, sino a través del Espíritu Santo y en todo el globo terráqueo. Y lo hace impartiendo sus lecciones y su vida espiritual a todos aquellos que le han rendido sus vidas y se han matriculado con Él.

Aunque la palabra creyente es usada en varias ocasiones en el Nuevo Testamento como sinónimo de seguidor de Cristo, en Juan 8:31 Jesús nos hace ver que a pesar de que mucha gente cree en Él, es necesario no quedarnos en ese nivel, sino pasar al siguiente, que es el de ser discípulo. Una paráfrasis del texto juanino sería así:

“Jesús entonces le dijo a los judíos que habían creído en Él, si permanecen en mi Palabra, en mi cátedra, en el conocimiento de mi doctrina y en la práctica diaria de mis enseñanzas, ya no serán simples creyentes, sino que avanzarán a ser mis discípulos, mis estudiantes.”

Jesucristo quiere que al comenzar este nuevo año lectivo renueves tu matrícula en su escuela y decidas ser su alumno, fiel en asistencia y dedicado al estudio. Él no quiere que seas simplemente un creyente que pasa por el frente de su centro educativo pero que no se atreve a entrar. O que te pares a la puerta de su aula de vez en cuando para escucharle y luego conversar con algunos de sus aprendices. O que le admires en la distancia y hasta lo recomiendes a Él como maestro, a su escuela y a su cátedra.

No, el rabino Jesucristo quiere continuar en ti y en mí la buena obra que un día empezó y está perfeccionando. Pero por favor, no abandones el proceso, no incurras en deserción escolar, más bien avanza al siguiente grado. En la vida cristiana debes ser constante en tu FORMACIÓN para que así Dios pueda continuar tu TRANSFORMACIÓN.

Pongámonos de rodillas cada mañana y pidámosle a Dios que a través del Espíritu Santo nos lleve a niveles más altos de conocimiento y vivencia espiritual. Dejemos que Él siga trabajando por nosotros, en nosotros y a través de nosotros. Ya no seamos simples creyentes, seamos discípulos fieles, sigamos aprendiendo a los pies del rabino Jesús.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

Comparte en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter