Sodoma, el paraíso que se deshizo.

(Lucas 17:28-30; Romanos 1:26-28; 1 Corintios 6:9-10).

Florencia buscó en el diccionario lo que significaba la palabra sodomita, aunque a ella, una atractiva y simpática joven, le gustaba más usar la palabra “gay”, sobre todo cuando se refería al estilo de vida de su ex novio Cristian, quien le había roto el corazón al dejarla por otro chico y declararse abiertamente homosexual.

Lo que encontró como definición fue que sodomita quiere decir que era procedente de Sodoma, una antigua ciudad de Palestina. También que significa que ejerce la sodomía, la cual es la práctica del coito anal entre dos hombres, homosexualidad. Como la definición le pareció carente de candor se fue a la Biblia para averiguar más sobre Sodoma, luego hizo algunas consultas y finalmente habló con Cristian:

Christian, tú sabes cuánto te quiero y que te he respaldado en tu decisión de llevar una vida homosexual, porque para mí la tolerancia incluye respetar las preferencias sexuales. Pero ahora que soy cristiana tengo que contarte lo que he encontrado en la Biblia, ya que lo poco que sabemos de ella es lo que hemos oído de otros. Sodoma ha sido considerada históricamente como una ciudad depravada, aunque hoy en día, bajo la óptica posmodernista, diríamos que era muy liberal, que lo que pasaba en Sodoma se quedaba en Sodoma. Allí los gays, lesbianas y transexuales podían hacer en público lo que quisieran. No había problema para que las parejas del mismo sexo adoptaran niños y los hombres usaran baños de damas o viceversa. Nadie tenía que vivir acomplejado “dentro de un closet” ocultando su sexualidad.

Pero no fue destruida porque no hubiese gente valiente, brillante intelectualmente o con grandes dotes artísticas. No, ese no fue el problema. Inclusive su llanura era tan fértil como el huerto de Dios. La única razón por la que Dios la destruyó fue porque practicaba la homosexualidad. La Biblia no dice que la homosexualidad sea una preferencia sexual que Dios esté dispuesto a pasar por alto algún día, puesto que el cielo y la tierra pasarán pero los mandatos bíblicos nunca pasaran. Y Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos y él nunca va a cambiar. La Biblia define al homosexualismo como una perversión y un pecado. Y desde génesis hasta apocalipsis dice que ningún homosexual podrá entrar al cielo después de que muera físicamente. Añade también que aún los afeminados irán al infierno. Y señala que cuando la segunda venida de Jesús se acerque la homosexualidad crecerá como en los días de Sodoma y Gomorra. Así que no será sorpresa encontrar ministros e iglesias homosexuales y que la ley y la religión aprueben matrimonios homosexuales. No será raro que prominentes líderes religiosos lleguen a confesar a sus millonarios seguidores que son gays, pero tendrán tanto mercado, aprecio y popularidad que aún así serán aceptados por muchos.

Cristian, tú puedes vivir tu vida como quieras, pero debes saber que algún día tendrás que dar cuenta a Dios. Puede ser que la ley, la religión y la sociedad te acepten en esta breve vida material, pero será Dios quien te juzgue en la eternidad. Yo, hoy, por el cariño que te tengo, salvo mi responsabilidad al decirte esto. Y tú ya no podrás aducir que no lo sabías. Sólo recuerda algo más, Dios te ama, aunque odia tu pecado, y te está esperando con los brazos abiertos para darte una nueva vida, lejos del pecado.”

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.