(Isaías 55: 6-8).

El auto de policía hacía su recorrido habitual por las diferentes calles de la ciudad cuando sobre las tres de la madrugada los agentes advirtieron que un hombre en avanzado estado de embriaguez luchaba por sostenerse en pie prendiéndose de cualquier cosa que encontraba en su camino, fuera un poste del alumbrado público o un árbol.

Deteniendo el vehículo junto al borracho el oficial al mando le interrogó:

–         ¿Qué tal caballero, cómo está usted? ¿Se puede saber hacia dónde va?

Esforzándose por articular una respuesta coherente el sorprendido ciudadano le dijo:

–         ¡Ah mi teniente!… ¡Muuuucho guuusto! Pues verá usted, me dirijo a una coooonferencia sobre el abuso del alcohol y sus efectos leeeetales en el organismo. En ella también se explicará cómo es que esta enfermedad fractura la relación maaatrimonial, da muuuy mal ejemplo a los hijos, empobrece la economía del hogar y destruye las relaciones familiares y sociales.

Los agentes dentro del auto se miraron asombrados con la respuesta del beodo, pero también incrédulos, por lo cual el oficial le preguntó de nuevo:

–         ¿De veras va a esa conferencia? ¿Y quién dará ese tema a esta hora?

–         ¿Pues quién va a ser? Mi mujeeeeeer, tan pronto logre llegar aaaa la casa.

El problema con este alicorado hombre no es el de la borrachera, pues ésta se le irá después de un tiempo de descanso y de alimentarse bien. Tampoco el de la enfermedad, pues la misma puede ser tratada profesionalmente. Su verdadero problema es el de la necedad, ya que sabiendo perfectamente cuáles son las terribles consecuencias de su adicción, no hace nada por remediarla.

Bien se dice que nadie se ahoga por caerse al agua, sino por no salirse del agua. Cualquier ser humano pudiera caer en algún pecado en algún momento de su existencia, y eso es malo, pero es peor no reconocer el fallo y no tomar la decisión tajante, definitiva, de abandonar su mal proceder, pedir perdón y corregir.

A los automóviles no se les puso la reversa para andar hacia atrás de forma regular, sino para enderezar y luego seguir hacia adelante. Hoy es el día para que te presentes ante Dios y te pongas a cuentas con Él. Sus brazos amorosos te están esperando.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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