(Hebreos 4:14-16)

Una de las bondades que tiene la terapia de grupo es que cada uno de los asistentes puede sentir que no es el único ser sobre el planeta que vive una situación en particular, sino que otros seres humanos también están pasando por lo mismo o ya lo pasaron, y eso le trae alivio y consuelo.

Pero la terapia grupal no sólo ayuda en eso, sino que también permite compartir experiencias y dar y recibir lo que es bueno y lo que es malo, para así saber qué conviene aplicar y qué conviene evitar a fin de lograr mayores éxitos.

Es por eso que cuando requerimos ser entendidos por alguien nadie mejor que uno que ya haya pasado por lo que nosotros estamos pasando, a ese sí que le podemos abrir el corazón, porque va a entender cabalmente de qué le estamos hablando.

Así es que si te has sentido traicionado por alguien muy cercano, cuéntale de eso a Jesucristo, Él sabe de qué le estás hablando, Él lo vivió con su amigo Judas. Y si estás enfadado por causa de la gente que sólo te presta atención para ver dónde te equivocas y criticarte inmisericordemente, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siempre tenía entre sus oyentes a eminentes doctores que en lugar de querer ser edificados sólo buscaban ocasión para descabezarlo.

Y si has pasado por hambre y sed, y el sol te ha azotado, y los talones de los pies se te han rajado de tanto andar, y la arena del desierto ha espesado tu saliva y el sudor te ha corrido por la espalda y no has tenido donde recostar tu cabeza, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siendo Dios, dejó su trono de gloria y vino a este mundo a vivir cada uno de esos episodios.

Él sabe lo que es tener que responder cada semana por el mantenimiento de 13 familias, las de sus 12 discípulos y la suya. Él sabe lo que significa ser tentado no después de 10 días de ayuno, ni de 20, sino de 40, cuando la vista se te nubla, los huesos se te pronuncian, los pómulos se te brotan, la cara se te alarga y un mínimo esfuerzo te produce mareo.

Él sabe lo que es pasar por la muerte más terrible, ver a los discípulos esconderse por miedo y después regresar a sus tareas habituales como si la experiencia de tres años con Él no hubiese significado nada. Pero también Él sabe como resucitar en gloria. Así es que si quieres hablar con alguien, habla con Jesús, Él te entiende.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.

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