¡Ya no hables más del río, tírate!

(Romanos 8:26).

No es algo que acontece todos los días. Y para ser sincero, no es algo frecuente, pero cuando pasa, hay que darle toda la importancia que se merece. Sí, cuando vienen unos deseos irrefrenables de tirarse de rodillas y orar y derramar el corazón delante de Papito Dios, hay que hacerlo, de inmediato, sin importar lo buena que esté la película, o que el celular esté timbrando o que haya decenas de correos por atender en la computadora.

Cuando el Espíritu Santo pone un fuego de oración de intercesión o de alabanza en el corazón de un cristiano, es porque las alarmas espirituales se han disparado y hay que responder de inmediato. Es igual que en el cuartel de los bomberos, cuando suena la campana hay que salir de inmediato, a prisa, sin importar lo que se esté haciendo en ese momento.

Y esto acontece a nivel espiritual porque una de las tareas del Espíritu Santo en el planeta tierra es ser intercesor. Sí, sólo que no lo hace directamente, sino a través de un hijo de Dios que esté dispuesto a dejarse guiar por Él.

El Espíritu Santo intercede por nosotros pero no de manera independiente, sino a través de nosotros. Si no fuera así, entonces no necesitaríamos orar, puesto que esa sería la tarea del Espíritu Santo. En tal caso podríamos decir que si Él va a interceder por nosotros entonces: ¿para qué oramos?

Pero lo que enseña la Biblia es el que Espíritu de Dios nos ayuda, no que nos reemplaza. Él no patrocina la pereza, sino que apoya en la debilidad. Y cuando el Espíritu Santo ve una situación en el espectro espiritual nuestro, o en el de alguien cercano, que requiere atención urgente, entonces, de inmediato, activa la alarma y pone un deseo quemante en un cristiano para que vaya y se postre delante de Dios y se deje usar en oración de intercesión o en alabanza.

¿Pero qué decir? ¿Sobre qué asunto orar? La verdad es que no siempre el Espíritu Santo revela los motivos exactos. A veces sí, pero otras veces no. Sin embargo, lo correcto es dejar que Él nos use, bien sea gimiendo, llorando, pidiendo perdón, cantando y hasta en completo silencio. Se trata de estar delante de la presencia del Padre.

Si el Espíritu Santo nos ha llevado ante el Padre es por algo importante y bueno para todos, no lo dudes. Si hoy eres llevado al río de su presencia, tírate, sumérgete, y no hables tanto de la teoría.

 

Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
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